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La Sultana de Caracas

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La mayoría de los que emigramos nos vemos envueltos en un festival de emociones, como un arcoíris, por su forma y por sus colores. Pero hoy, como casi todos los días, viendo una ventana de mi país llamada Facebook, me encuentro con una foto que me ha alborotado la nostalgia mas no la tristeza. A través de la foto, sé que está ahí y que cuando vuelva me estará esperando como a cualquier otro de sus hijos. Igual como cuando lo hacía cada mañana al levantarme o cada noche al acostarme, cuando iba al trabajo o a la universidad, no importaba en qué lugar de la ciudad me encontrara, ella estaba ahí. Con lluvia o con neblina, su imponente estampa siempre me colmaba de calor en la mañana y fresco en la tarde. Y es tan espléndida que comparte con todos el verdor de su alma y el color de las flores que ha sembrado, y hasta los pájaros más coloridos y alegres, se rinden ante ella. Cuando le preguntas a un Caraqueño qué es lo que más extraña, no titubea al nombrarla casi como a una madre y es que es así, la madre de todos los que tenemos la dicha de haber nacido en la capital de un hermoso país llamado Venezuela.

Su presencia se puede notar cuando caminas por casi toda la ciudad y te ubica rápidamente donde está el Norte. Hasta denominación poética tiene: La Sultana de Caracas. Ha sido musa de pintores, escritores, poetas y políticos y, por qué no decirlo, unos la han tratado mejor que otros. Sin embargo ella ha aguantado recordándonos que está ahí para protegernos del impetuoso Mar Caribe que aguanta a sus espaldas….

Aquí les dejo queridos amigos la foto para compartir su majestuosidad y la nostalgia que me llevó a escribir sobre la montaña que atraviesa Caracas, la capital de Venezuela, mi país: ¡El cerro Ávila!

Foto amablemente cedida por Facebook.

La paella es como la bicicleta

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La historia de la paella para mi, a pesar de no ser Española, es de la infancia. Yo no recuerdo ser una niña que molestara a la hora de comer y cuando la mayoría de los niños -incluido mi hermano Fidel- urgaba en el plato y separaba en función de lo que le gustaba, mi papá decía:”para conocer un país se debe aprender desde su comida” (la comida china merece capítulo aparte). Pero en este caso solo mencionaré la más conocida de las especialidades españolas luego de la tortilla de patatas.

Mi papá solía acompañar la mayoría de las celebraciones familiares con una paella. La misión de buscar la paella consistía en ir al mismo restaurante siempre y nosotros esperábamos con el pan, asomados al balcón con cara de hambre y la mesa puesta. Como este evento se repetía con cierta frecuencia en una familia numerosa de seis críos, llegó un momento que el dueño del restaurante de tanto verlo por su barra, decidió premiar su fidelidad con una hermosa paellera. La cual debía llevar cada vez para recoger el consabido alimento (dominical, la mayoría de las veces, ya que si el cumpleaños o lo que se celebrara era en día de semana se difería al domingo… así por años). Lamentablemente luego de la partida de mi papá fueron contadas las ocasiones en que lo repetimos, sin embargo, la paellera sigue guindada en el mismo muro que le dieron lugar desde que recuerdo.

Hoy han pasado 21 años desde la partida de mi padre y hace exactamente 28 días fue mi cumpleaños. Un día antes, el pedacito de España que el destino me regaló como amiga (que en realidad es La Prima), me llevó a un rinconcito “granaíno” en Amsterdam, para hacerme el regalo más bonito que he recibido en muchos años por mi cumpleaños. Cuando íbamos a aquel lugar al que tanta illusión le hacía llevarme, me imaginaba todo tipo de regalos, pero jamás imaginé salir de alli con Mi Paellera. La sonrisa no se me borró de la cara y a ella tampoco. En ese momento mi expresión fue: “Me siento como un niño holandés cuando escoge su primera bicicleta”. La vendedora de la tienda soltó una carcajada y mi amiga otra.

Hoy, luego de dos paellas hechas por mi misma orgullosamente, se que la paellera y la bicicleta comparten la rendodez y la alegría que pueden producir a un niño… no importa la edad que tenga.

Sinterklaas en Holanda

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Más allá de que las fantasías para los niños las creamos los adultos y que es un cuento que va de generación en generación, no pongo en duda que haya existido un obispo que en bote haya repartido esperanza y alegrías a los menos favorecidos. Y sé que hoy día también existen muchísimas almas caritativas que hacen lo propio, trabajando por hacer de esta bolita un sitio mejor para vivir.

Pero volviendo a la tradición de Sinterklaas, esta parte de la cultura holandesa de verdad me saca una sonrisa inmensa en lo personal. También en nuestros países se vive la emoción de Santa Claus, el Niño Jesús o los Reyes Magos, pero este obispo legendario, venido de tierras lejanas, es capaz de convertir Bélgica y Holanda en países cómplices con el fin de hacer felices a los niños. Y no exagero, en ambos países se transmite el “Sinterklaas journal” (el noticiero de San Nicolás). Este noticiero sirve para ir reportando los diferentes obstáculos que sufren Sinterklaas y sus intrépidos ayudantes llamados Zwarte Piet (Pedro el Negrito), que deben su color a el hollín de las chimeneas. Este año a Sinterklaas le ha tocado sortear dos situaciones, la primera los Zwarte Piet han desaparecido y le ha tocado llegar solo dos semanas antes en su bote y luego se perdió su caballo. Ahora bien, resueltos estos dos inconvenientes, que los niños han seguido a diario desde su llegada en bote el pasado 12 de noviembre, ha llegado hoy la hora de repartir los regalos.

Sinterklaas y los Zwarte Piet reparten regalos a los niños guiándose por las instrucciones del Gran Libro Rojo, la complicidad de las escuelas, la tv, el supermercado y, por supuesto, los hogares. Pero antes, como es costumbre, han hecho una parada en la escuela de mi hija, y todas las demás escuelas (el hombre se ha multiplicado), para repartir alegría. Hoy he podido ver a las maestras mimetizadas con la alegría de los niños, los padres con sus cámaras en la puerta del cole, la junta de padres trabajando para justificar su título (de ouderraad), el sol brillar (cosa rara en Holanda) y a mí emocionada de ver la carita de mi hija. Ante tanta felicidad infantil, es imposible no salir a la calle y disfrutar de la alegría de la vida.

Ik wens jullie heel mooi Sinterklaas Feest! ¡Les deseo una fiesta muy bonita de Sinterklaas!

Fotos cedidad por La Prima. Montaje hecho por La Ilustradora de Princesas.

Las flores en Holanda

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Muchas personas vienen a este país por turismo y lo primero que quieren ver son sus increíbles paisajes rodeados por tulipanes y en general por las flores que son hermosas. No hay que negarlo, que como me dijo mi madre en su primera visita: “si yo viviese en este país el dinero del mercado lo gastaría en flores “, me imaginé enseguida saboreando para la cena un pabellón (plato típico Venezolano) con margaritas, en vez de tajadas (plátano frito).

Para muchas personas es ideal venir en la primavera ya que cuentan con la oportunidad de visitar Keukenhof el parque de tulipanes, sin embargo he de decirles con mucho orgullo, que tengo un jardín repleto de flores todo el año. ¡Sí! no se sorprenda amig@ lector@, a pesar del frío, el calor, el viento y la lluvia, yo dispongo de un jardín infinito de flores de colores, mágicas y autenticas, capaces de dar calor, abrazos, sonrisas y sobre todo ser incondicionales. Creo que pasaría de dos folios para describirles cada una de las flores de mi jardín y su lugar de origen, porque todas son importadas de los lugares más hermosos de hispanoamerica;  nunca me lo imaginé, sin embargo, ha venido creciendo con el pasar de los años, poco a poco.

Para que tengan una idea de lo agradecida que estoy con la vida de ponerme mi jardín repleto de flores he decidido darles un nombre común : SON MIS AMIGAS.

Corazón de Holland Girl y diferentes planos de sus amistades.

(Keukenhof. Fotos y composición gentileza de La Prima, a la cual podemos ver en el ángulo inferior izquierdo de la cuarta foto)

Llaman a la puerta

Holland Girl:

Yo, no es que se diga que soy una chef de las que salen por la tv , pero puedo decir con orgullo que en mi familia abundan las cocineras de las buenas y algo me ha tocado por genética o por olfato. En Venezuela tenemos la fortuna de tener la mezcla de los sabores de Europa y América y esto ha sido parte fundamental para sobrevivir estando lejos de mi país. Preparar aquello que me recuerda a una tarde de lluvia en mi Caracas amada, la mesa llena de mi casa un domingo para comer el asado negro de mi mamá o el pasticho de mi hermana o esperar mi cumpleaños para que mi mamina me hiciera la marquesa de chocolate…

Por la necesidad de mantener ese recuerdo gastronómico, he llegado a formarme una pequeña biblioteca basada sólo en gastronomía Venezolana y trato de que a diario en nuestra mesa se sirva comida balanceada, saludable y sobre todo sabrosa. Desde que nos casamos (ya van 6 años contados) Lorenzo nunca ha sido exigente con el paladar, a pesar de sus muchos viajes que lo han llevado a lugares muy lejanos y cercanos -incluido mi país para que la casualidad nos reuniera-. Lorenzo siempre fue conforme y de comentar la comida, tanto que al tener el placer de compartir la mesa con amigos él termina la velada con: “¿les gustó?, es que yo siempre como espaguetti”( su comida favorita ) los comensales normalmente toman a broma su comentario, obviamente.

¡Pero lo que me ha pasado el día de hoy es digno de Lorenzo! y me decidí a escribirlo, porque -aunque no suelo ser una persona violenta- me vi desdoblada en mi imaginación poniéndole la sartén por la cabeza. Por eso aquí voy con una de las de Lorenzo:

Llama a la puerta una señora recolectando fondos (acción altruista en Holanda que se merece una entrada) para la Asociación contra la diabetes. Cuando le digo que espere un momento, me comenta “¡qué rico huele!” por lo que le explico orgullosa es : “ PESCADO A LA PARMESANA, si quieres en la escuela te doy la receta” (nuestros hijos acuden al mismo centro escolar). La mujer se fue muy contenta por mi colaboración con su causa y con variar el menú de su casa al regresar a la sala de aquel hogar que olía a alta gastronomía. Le digo a Lorenzo que acababa de llegar de su ardua jornada laboral: “oye, la señora me dijo que olía muy rico”  a  lo que Lorenzo exclama sorprendido :  ¡Si!  Seguido de la pregunta :   “¿y  a qué huele?”

Pd : Lorenzo ha sido bautizado con ese nombre gracias al comic “Lorenzo y Pepita”. Anexo la foto de Lorenzo y Pepita con el Pescado a la Parmesana de la discordia.