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Definitivamente…

  La Niña Raquel

Definitivamente, me estoy haciendo vieja, A PASOS AGIGANTADOS (y eso que tengo doce años recién cumplidos). Sin ir más lejos, esta misma tarde he hecho una actividad muy conocida entre las ancianas de mi pueblo: la conducción de carritos Rolser. Os contaré cómo sucedió todo:

Iba yo tan tranquila por las calles de mi pueblo con mi hermano y un paraguas gigante, porque estaba lloviendo, cuando me crucé con mi abuela:
-Hola- me dijo, y hola le contesté- ¿me puedes llevar el carro a casa, que tengo que hacer unas cosillas?- y yo muy ingenua le dije que sí.

Sé que no parece tanto pero yo estaba desentrenada, ¡nunca había llevado un cacharro de esos! Me lo puse por delante, me lo puse por detrás, me lo puse a un lado, me lo puse al otro, lo puse a dos ruedas, a cuatro… y nada, no conseguía llevarlo cómodamente. Pero tuve suerte, y como esa actividad es el deporte más importante de mi pueblo, tuve de quién aprender: todas las viejas que iban a mi alrededor mirando la forma tan extraña que tenía yo de llevar el carro. Me fijé en ellas, pues llevaban más tiempo que yo practicando ese deporte. He aquí unos cuantos movimientos que debéis efectuar a la hora de practicar ese cansado deporte:
1. Cuando vayas en línea recta (da igual delante, detrás o dónde sea), te recomiendo que lo lleves sobre cuatro ruedas, se te moverá menos el carro.
2. Cuando vayas a torcer una esquina o cruzar la calle, ponlo sobre dos ruedas, así es más fácil de girar.
3. Cuando dejes el carro quieto en una cuesta, procura ponerlo de forma que no se caiga, porque el carro no dudará en escaparse.

Por cierto, esto es un carrito Rolser, para quién no lo supiera.

¡Qué peligro, qué peligro!

  La Niña Raquel

Hoy les contaré una historia bastante peculiar.

El otro día iba andando por Granada capital y vi, ni más ni menos, que a tres personas andando por la calle con un casco  de moto sobre la cabeza. Está claro que este mundo es más peligroso de lo que creemos, tanto, que algunas personas realmente inteligentes, ya se han dado cuenta y han actuado en consecuencia. De hecho, si no fuera por las altas tecnologías que ya hay en el mundo, no sé que habrían hecho para protegerse… En todo caso,  creo que voy entendiendo por qué llevaban casco…

El primero, acababa de salir de un parque, el lugar más peligroso y diabólico que os podáis imaginar (y en esto las madres me comprenderéis muy bien). En ese horrible lugar, construido por horribles personas que no piensan en la higiene infantil, los niños hacen toda clase de maldades: se ensucian antes de ir a un sitio elegante, ensucian a otros niños que no tenían  la culpa de estar ahí cuando al otro se le ocurrió tirar arena al aire… Y cuando hay un quiosco, el parque se vuelve aún más peligroso de lo que parece cuando al niño se le antoja el maldito helado, que acabará derretido en su camiseta.

La segunda iba con el que parecía ser su novio. Supongo que no tendría ganas de quitarse el casco cuando se bajó se la moto…

El último iba por una zona en obras, lo cual es al menos tan sucio como el parque, solo que allí hay más ruido, por las máquinas trabajando, los obreros roncando…

¡Sí señores, la seguridad ante todo! y si aún no se han percatado existen muchos más accesorios protectores:
·Rodilleras, por si caes de rodillas.
·Coderas, por si caes de bruces y apoyas los codos (que lo dudo, pero por si las moscas…).
.Guantes, para no hacerte heridas en las manos.
.Un cojín para el culo, por si te caes de culo.

Y seguro que si buscas en Internet encuentras un montón más.


El lobo feroz

  La Niña Raquel

Había una vez un lobo que era más bien bobo, casi de hambre se murió por esta historia que le ocurrió.

Por el campo caminó y a Caperucita se encontró.
-Hola linda niña, ¿a dónde vas?
-A ver a mi abuela que mala está.
-¿Qué llevas en esa cestita?
-Un zumo y galletitas.
-¿Dónde vive tu abuela?
-Donde haya algo para la cazuela.
-¿En el bosque dices?
-Donde se crían las lombrices.
-Ve entonces por aquel caminillo, es más corto y más florido.

La niña como una boba cayó en la trampa del lobo que marchó hacia la casa de la abuela para echarla a la cazuela. Él fue por un camino de cabras, que más bien poco se usaba, pero el primero llegó, y en la casa se metió. A la abuela maniató y en un armario la metió, para que Caperucita no lo viera gordo de veras. De vieja se disfrazó y en la cama se metió. Luego llegó Caperucita, que llevaba aún la cestita, en la casa se metió y con el lobo conversó.
-Abuelita, abuelita, qué ojos más grandes te veo.
-Sí, sí, son las lentillas, que con mis gafas no leo.
-Abuelita, abuelita, qué orejas más grandes tienes.
-Sí, sí, son del audífono que mi oreja contiene- dijo señalando un bulto blanco.
-Abuelita, abuelita, qué nariz más grande tienes.
-Sí, sí, es de la alergia que que apañada me tiene.

Tras toda una conversación, el lobo se la zampó. Desde el estómago, Caperucita chilló, y el cazador la escuchó, a la casa se acercó y al lobo a la cárcel mandó.

Tiempo después y con mucho estrés, el lobo se fugó y a un bosque lejano se largó. ‘Esta es la mía’ el lobo pensó, creyendo que ya no fracasaría y algo encontró: siete cabritillos solos en la casa con su madre bien lejos buscando trabajo y algunos cencerros.
-Hijos míos- les dijo- me voy por día y pico, así que portaos bien y mucho lío no armeis.

Lejos marchó y a sus hijos dejó. El lobo enseguida se enteró, y anda que en comerselos dudó. Mil veces lo intentó, hasta que por fin lo consiguió. Los cabritillos le abrieron, pues que su madre era creyeron, sin embargo era el can que se los iba a tragar. A todos se comió, solo que a uno se dejó, el más pequeñín, que se había quedado allí.
-Mamá, mamá el lobo se los ha comido, ¿qué voy a hacer aquí yo solito?
-Dime, ¿dónde están tus hermanos?
-Creo que en el río, no sé pero el lobo por ahí se fue.

En el río se encontraba, sí señor, tumbado a la bartola, cómo no, con la panza llena a rebosar, y roncando sin cesar. Cómo dormía el sinvergüenza, que de vez en cuando alzaba la cabeza para ver si alguien venía y de lo que había hecho le reñía. Cuando se quedó frito la madre pegó un grito, dando señal al pequeño que traía agujas y tijeras con empeño. La madre le abrió la barriga, sacando las cabritillas, y para rellenar, piedras se le puso a encestar. Cuando el lobo despertó, se sentía muy pesado y fue al río a echar un trago, pero del peso se cayó y el agua se lo llevó.

No muy lejos de allí, en otro bosque así, apartado, estaban los tres cerditos muy acomodaditos. Cada uno en su hogar y sin ni siquiera rechistar de la buena vida que llevaban sin hacer nunca nada. Eso hasta que el lobo llegó y a todo el bosque aterrorizó con sus aullidos nocturnos, e incluso a veces diurnos. Y una tarde decidió atacar y ponerse a cenar.
-Cerdito, cerdito, ábreme la puerta o soplaré y soplaré y la casa derribaré.

El cerdito le dijo que no y la casa cayó. El cerdito echó a correr hacia una casa de madera de Dios sabe quién, y a su hermano encontró tomando el té.
-Hermano, hermano, viene el lobo de camino y tiene hambre, hambre de cerdito.
Y entonces el lobo repitió:
-Cerdito, cerdito, ábreme la puerta o soplaré y soplaré y la casa derribaré.

El cerdito se negó y la casa derribó. Con que los dos indispuestos a pelear a casa de su hermano fueron a tocar.
-Hermano, hermano, déjanos entrar, y así del lobo nos podremos librar.

El  hermano los dejó pasar y por mucho que el lobo fuera a soplar, la casa no podía tirar. Entonces una idea se buscó, y la bombilla se le encendió. Por la chimenea bajó, pero un cerdito le escuchó, y un fuego encendió, y cuando el lobo bajó el culo se quemó. Salió corriendo, a toda pastilla, intentando apagarse el fuego de la colilla.

Tanto y tanto corrió que a otro pueblo llegó y entonces de la Ratita presumida se enamoró. Poco a poco se enteró de que la Ratita se casó con un ratón de gran corazón. Herido en su corazón el lobo se lo comió y a la Ratita viuda la dejó. Muchos pretendientes le regalaban pendientes, pero el lobo le regalaba su corazón de oro.
-Te quiero, te adoro, y si quieres te compro un loro-decía el enamorado.
-Yo sólo quiero tu corazón dorado.

El lobo con ella se casó y para siempre, feliz vivió porque con ella la cabeza sentó. Mucho hijos tuvo y por el campo con ellos anduvo, siempre feliz y cantando sin estar por ahí cazando. A la boda a los cerditos invitó y la música tocaron, pues con el lobo una banda formaron.

Fin


La guerra de los bolsos

  La Niña Raquel

Mi madre, a quién todos habéis leído alguna vez, tiene una extraña fascinación por los bolsos, palabra que por cierto, en mi casa es tabú.

Esta fascinación le hace correr de escaparate en escaparate buscando el más bonito, el más caro, y después quejarse porque hasta el trimestre que viene no le toca…

Pero, lo de los bolsos lo hemos tenido siempre muy controlado… Bueno, hasta el año pasado, que se compró más bolsos de los que debía, y por eso, este año no puede comprarse uno hasta agosto, lo cual le entristece bastante.

La regla de oro es comprarse 2 bolsos por año, y el año pasado se compró 3, así que ahora le toca esperar por avariciosa.

Creo que lo suyo es una enfermedad que, poco a poco me va transmitiendo, por que yo ya tengo varios bolsos, pero ninguno ha sido comprado por mí o por mi madre (por que sino, no serían míos). Mi fascinación es más bien por las pulseras, pero esa es otra historia.

Mamá paseando toda orgullosa con uno de sus bolsos.
Dibujo creado por La Ilustradora de Princesas.

Los Reyes Magos

  La Niña Raquel

Los Reyes Magos de mi pueblo sí que son mágicos. Hacen que los coches vayan hacia atrás y que los niños se conviertan en gallinas.

Lo de los coches tiene explicación: un rato antes de que llegue el cortejo de las carrozas con Sus Majestades, los municipales cortan las calles sin aviso y los coches se convierten en cangrejos para salir del apuro. Y lo de los niños es porque escarban entre el confeti y los papelitos de colores para encontrar los caramelos que arrojan desde las carrozas. Pero mi transformación favorita es la del típico vecino gruñón que no te habla durante todo el año y hoy te desea un próspero año nuevo y mucha felicidad.

Y yo me despido igual: ¡Feliz Año Nuevo!

Arts Atack

La Hermana con la colaboración de sus hijos

Es sorprendente la capacidad que tienen los niños de crear e imaginar. Hoy, sin ir más lejos, mi hijo de 4 años me ha hecho 8 pesas de gimnasio para ratones. Yo le he dicho que no tenemos ratones. A lo que él me ha respondido:
– mamá en cualquier momento pueden venir – Ante una lógica tan aplastante no me ha quedado más remedio que hacer de tripas corazón y buscarles sitio a las pesas.

Mi hija mayor tampoco se queda atrás, aquí os dejo una muestra de sus obras de arte que no me he podido resistir a compartir con vosotros. No sé a quién habrán salido estos niños tan artistas, a mi desde luego no.

El último dibujo es otra vez de mi hijo que al final se ha animado a dibujar a la familia al completo.Y me despido con unas palabras de mi hija describiendo sus esculturas:

Un arte que dista de la elegancia de los grandes artistas del clasicismo, pero que refleja muy bien parte de la sociedad contemporánea de mi casa”. La Niña Raquel


Crónicas de un viaje a los Países Bajos

La Niña Raquel y La Hermana, su madre

Crónicas de un viaje a los Países Bajos. De cómo zarpamos a tierras Holandesas.

Hoy relataré a vuesas mercedes  las crónicas de mi viaje a los Países Bajos. Acontecía el año del Señor de 2011 cuando decidimos viajar a tierras de Utrecht en busca de gloriosas aventuras. Partimos de Granada en nuestra majestuosa carroza de 136 briosos corceles de gasolina hacia Málaga la Bella. Hacía un sol infernal y los rayos luchaban por entrar a través de los cristales.

Cuando arribamos al aeropuerto la humedad era sofocante y llevábamos en la mano los abrigos y jubones de invierno, pues nos habían llegado noticias de que haría frío en aquellas tierras. La aeronave llegó con tardanza, como es costumbre en nuestro reino, no sé si por problemas burocráticos o por tradición. Al fin dieron permiso para embarcar en la nave y para mi sorpresa nos despojaron de nuestros preciados bienes líquidos. Permitidme la licencia de rogarle al soldado que lo guardara hasta mi regreso, mas él dijo: ¡No!

¡Oh cruel infamia! Saltaronseme las lagrimillas. Deambulamos por comercios de prestigio internacional, entre ellos se encontraba la famosa taberna del “Rey de Hamburgo”.

Por fin llegó la hora de subir a la nave. Prestos acudimos a ponernos en la interminable cola. Nos sentamos pues desanimados y dispuestos a entrar los últimos, mas los últimos serán los primeros en el Reino de los cielos y quiso la fortuna que la gentil aeromoza dejasenos pasar antes por nuestra condición de sufridos padres.

El vuelo comenzó bien, mas cuando faltaba poco para arribar se desató una tempestad. La nave se agitaba cual cubito en una coctelera. El suelo temblaba bajo los pies y los pasajeros sobre ellos. Cerré los ojos y recé: ¡Que me quiten lo bailao!

Tras dos intentos de aterrizaje llegamos sanos y salvos a tierra firme. Era tardía la hora, más allá de la media noche. Los amarillentos ojos de las lechuzas nos acechaban en la oscuridad.

Recogimos nuestro equipaje y marchamos a la sombría estación de trenes. El frío cortábanos el cutis y se nos puso la piel cual gallina desplumada. Pusímonos de prisa los abrigos y jubones, buscando amparo entre las cálidas telas. El traqueteo del tren disimulaba nuestros temblores.

Media hora más tarde llegamos a la estación de Utrecht  y un taxi nos dejó en nuestro destino…

Continuará…